¿Cuál es el papel del trabajador social cuando llegan los refugiados?

Categories: Open Homes, Refugees

Jennifer Glassmyer recuerda como si fuera ayer la primera vez que recibió a una familia de refugiados en el aeropuerto de Seattle. «Era una familia somalí: una madre soltera y embarazada que viajaba con sus cuatro hijos, uno de los cuales tenía una discapacidad». Era la primera vez que viajaban en avión y estaban nerviosos ante la perspectiva de tener que pasar por Aduanas. Yo los esperaba en la zona de recogida de equipajes junto con una amiga suya a la que habían conocido en el campo de refugiados donde vivieron durante años en Kenia. Hacía unos cinco años que no se veían. Tardaron mucho en salir, pero, nada más verse, ambas mujeres echaron a correr la una hacia la otra, se abrazaron y empezaron a hablarse en somalí. Aunque no entendía nada de lo que decían, fue un momento muy emotivo para todos los que estábamos allí».

Jennifer trabaja para el Jewish Family Service (JFS) de Seattle, una de las muchas organizaciones sin ánimo de lucro que recibe a clientes refugiados de nueve agencias nacionales que colaboran con el Departamento de Estado. La comunidad judía estadounidense apoya desde hace mucho tiempo a las comunidades desplazadas porque, como explican en su sitio web, «nuestra comunidad entiende lo que se siente al abandonar tu hogar y reasentarte en una tierra extranjera».

El JFS también colabora con Open Homes y, por extensión, con anfitriones en Airbnb para ofrecer alojamiento temporal gratuito a los refugiados en la zona de Seattle. Nos reunimos con Jennifer para hablar de su trabajo, conocer mejor la experiencia de los refugiados y saber cómo se inspiró, textualmente, «para usar el privilegio de ser ciudadana estadounidense para ayudar a las personas que no lo son».

Un trasfondo intercultural

El interés de Jennifer por trabajar con refugiados surgió cuando estaba en el instituto y pasó un año de intercambio en Bélgica. «Enseguida me llamó la atención cuántos refugiados del Norte de África y Oriente Medio había allí. Era un tema candente en 2012. Era sorprendente el rechazo a la inmigración que se respiraba en el país». De vuelta a EE. UU., estudió en la Universidad de Washington y, motivada por su experiencia en Bélgica, optó por formar parte de un grupo de trabajo sobre la crisis de los refugiados sirios. Resultó que trabajar con refugiados «combinaba el Derecho, la sociología y los idiomas, todos los ámbitos que me apasionan y con los que tanto disfruto». Ese grupo de trabajo le facilitó el acceso al JFS, donde ejerció durante más de dos años como trabajadora social y coordinadora de llegadas.

Trabajar con refugiados

Un trabajador social ayuda a los refugiados durante los tres primeros meses que están en el país. En el caso del JFS, recibe clientes del Departamento de Estado estadounidense para gestionar su reasentamiento. «Tres meses puede parecer muy poco tiempo», dice Jennifer, «¡porque lo es! Por eso, nos dedicamos en especial a poner a los usuarios en contacto con los diversos servicios que necesitarán para una estancia prolongada, como la sanidad, la educación o la vivienda». Los trabajadores sociales ayudan a las personas a inscribirse en los programas de inglés para extranjeros, conseguir un seguro médico, matricular a sus hijos en el colegio y la guardería y orientarse en la búsqueda de empleo. Es decir, les ayudan a entender todos los sistemas que les costaría comprender sin ayuda.

¿Cómo contribuye Open Homes?

Aunque el objetivo último de los trabajadores sociales es ayudar a las familias a establecerse a largo plazo, disponer de alojamiento temporal puede ser de gran ayuda durante el proceso. «Puede resultar muy difícil disponer de una vivienda permanente antes de que llegue toda la familia. Antes, nuestra única opción de alojamiento temporal era un hotel, pero es muy caro. La alianza [con Open Homes] nos ha venido como caída del cielo», puesto que costea los gastos de un alojamiento temporal y proporciona a los recién llegados un lugar acogedor como punto de partida de su nueva etapa. Tener cocina o un patio para que los niños jueguen puede suponer una enorme diferencia en los primeros días de la transición en la vida de los refugiados.

Jennifer afirma que el JFS «ha tenido una experiencia abrumadoramente positiva hasta ahora con todos los anfitriones [en Open Homes]». Nos explica, además, que algunos «ya han acogido refugiados en el pasado y es una causa que les apasiona de verdad». Sin embargo, no es necesario que los anfitriones en Open Homes tengan experiencia previa. Además, nuestros colaboradores se involucran activamente durante toda la estancia. Los trabajadores sociales del JFS (u otras de las agencias que colaboran con Airbnb) inician el proceso, enviando mensajes a los posibles anfitriones y concretando todos los detalles de la reserva, y sirven como punto de contacto principal (algo que suele ocurrir a diario) para los huéspedes refugiados durante toda su estancia.

En el caso de aquellas personas que no pueden ofrecer sus alojamientos, pero quieren involucrarse localmente, existen otras formas de ayudar a la comunidad de los refugiados. Las opciones varían según la región y pueden ser muy diversas: donaciones en especie, voluntariados, acompañamientos, etc. Jennifer recomienda a las personas interesadas que busquen en internet qué agencias de reasentamiento colaboran en su comunidad y les pregunten directamente cómo pueden echar una mano.

Efectos duraderos

Al reflexionar sobre cómo le ha hecho cambiar su propia percepción el hecho de trabajar con refugiados, Jennifer afirma que «al haberme criado en Estados Unidos y haber empezado a trabajar con refugiados a los veintipocos, ha influido mucho en mi forma de ver el mundo. He aprendido a interesarme por los demás, algo que, en mi opinión, da cohesión a la comunidad».

Por último, «este trabajo también me ha enseñado mucho sobre cómo puedo usar mi situación privilegiada como ciudadana estadounidense para ayudar a personas que no lo son. No creo que veamos nuestra nacionalidad como un privilegio a menudo, pero lo cierto es que lo es. Darme cuenta de ello me ha abierto los ojos, el comparar [mi situación] con la de otras personas que se esfuerzan tanto por conseguir algo con lo que yo he nacido. No he tenido que hacer nada para conseguir mi nacionalidad, por lo que me tomo muy en serio mi deber como ciudadana y el modo en que puedo influir en el país en general».

 

Ilustración de Courtney Brendle

 

Up Next